sábado, 23 de febrero de 2008

La UNAM ¿referente nacional e internacional?

El miércoles 13 de febrero alrededor de 70 personas nos congregamos enfrente de la Torre de Rectoría en Ciudad Universidad exigiendo el cese de todo hostigamiento por preferencia sexual de parte de Vigilancia UNAM (antes Auxilio UNAM, el cuerpo de "seguridad" encargado de las instalaciones universitarias) en estricto apego a las leyes vigentes y la más amplia inclusión del tema de la no-discriminación en la Universidad, en aras de la pluralidad que los fines de ésta exigen.

Fue una protesta pacífica cuyo acto central fue un beso colectivo: parejas diversas expresando con orgullo su amor y desafiando la actitud de las Autoridades Universitarias. Cuando llegó el momento de entregar el comunicado dirigido al rector José Narro Robles y al secretario general Sergio M. Alcocer Martínez de Castro caminamos a la entrada principal de la Torre de Rectoría acompañados de Javier Sáenz, consejero universitario estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras. Las puertas estaban cerradas y no las abrieron pese a que el consejero se identificó en todo momento como tal. Desde la puerta trasera salió el Lic. Marcos Martínez de Blas, asesor de la Secretaría de Atención a la Comunidad Universitaria, para recibir el comunicado y firmarnos de recibido.

Producto de la protesta admitieron en la Defensoría de los Derechos Universitarios la denuncia de parte de Samuel Santa Rosa, uno de los chavos agredidos, y la Universidad hizo público el comunicado UNAM-DGSC-095 en el cual la Universidad "expresa su firme convicción en contra del hostigamiento y las prácticas discriminatorias" y "su apoyo y respeto a los derechos humanos". Confirmaron la recepción del comunicado agregando que las exigencias "serán analizadas y, en su momento, recibirán respuesta".

El 12 de octubre de 2004 el entonces rector Juan Ramón de la Fuente suscribió un convenio de colaboración entre la Universidad y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación para "prevenir y eliminar todas las formas de discriminación". En ese momento afirmó que la Universidad "ha sido referente nacional e internacional en la defensa de los derechos humanos, la universalidad y pluralidad del conocimiento, la tolerancia, la comprensión; el sentido y práctica del servicio al país y a la humanidad" (Gaceta UNAM, 14 de octubre de 2004).

Si todos estamos de acuerdo en la lucha por el más estricto cumplimiento de los derechos humanos, las garantías individuales y en contra de todas las formas de discriminación entonces ¿en dónde están las acciones?

Si la Universidad es referente "nacional e internacional en la defensa de los derechos humanos" ¿qué podrán esperar otras personas cuyos derechos humanos fueron violentados fuera de la Universidad si ésta lo toma con tanta calma? ¿Debemos entender que la lucha por los derechos humanos admite demoras?


¿Cuánto tiempo esperaremos para que la Universidad garantice la seguridad de estudiantes, académicos, trabajadores y visitantes frente a las propias autoridades?


Ilan AG, ciudad de México a 21 de febrero de 2008

viernes, 22 de febrero de 2008

Inseguridad en la UNAM: violencia y discriminación

La Agencia de noticias NotieSe reportó que el pasado 23 de noviembre Auxilio UNAM detuvo a una pareja de estudiantes homosexuales que se encontraban en su automóvil en un estacionamiento en Ciudad Universitaria argumentando que en la zona había “muchos pinches putos”. Fueron insultados y agredidos en el lugar. Posteriormente los trasladaron a las instalaciones de Auxilio UNAM, donde continuaron los insultos y los golpes. Los agredidos señalan que fueron golpeados por más de treinta personas.

¿Qué es Auxilio UNAM? Auxilio UNAM es el cuerpo de “seguridad” que resguarda las instalaciones universitarias. El que detiene presuntos infractores y delincuentes en las instalaciones de la Universidad, en particular en Ciudad Universitaria. No tiene objetivos, funciones, competencia ni responsabilidades señaladas ni limitadas. Depende de la Dirección General de Servicios Generales, que pertenece a la Secretaría de Servicios a la Comunidad Universitaria. Esta última se encuentra supeditada al Rector, por lo cual Auxilio UNAM depende en forma exclusiva de éste.

La legitimidad de Auxilio UNAM está seriamente cuestionada por la comunidad universitaria. Las acusaciones contra ella han sido reiteradas durante años. Estudiantes, académicos y visitantes no heterosexuales han señalado casos de hostigamiento, extorsión y abuso físico. Se tiene noticia de por lo menos otra golpiza en una zona frecuentada por hombres homosexuales el pasado primero de octubre.

Cuando las autoridades universitarias han sido notificadas de casos de violencia por parte de Auxilio UNAM, éstas han negado de inmediato los hechos. Sin embargo existe por lo menos con un dictamen de la Defensoría de los Derechos de los Universitarios, instancia de la propia Universidad, que da cuenta de la violación de derechos humanos por parte de Auxilio UNAM.

En el caso de los estudiantes golpeados el 23 de noviembre, éstos cuentan con fotografías y videos de los golpeadores y presentarán próximamente las denuncias correspondientes.

La crítica y la discusión abiertas y serias son indispensables para las razones de ser y objetivos de la Universidad; pero no se pueden tener tales cuando los derechos y garantías más elementales de los universitarios son violadas impunemente por las autoridades mismas.

Por lo anterior universitarios protestaremos el próximo 13 de febrero a mediodía frente al edificio de Rectoría en Ciudad Universitaria exigiendo que las autoridades universitarias coadyuven en las investigaciones y suspendan inmediatamente a los presuntos responsables. Es momento que se discuta entre los universitarios y con las dependencias de gobierno correspondientes el tema de la seguridad al interior de las instalaciones de la Universidad. Más información en http://nodiscriminacionunam.blogspot.com/.


Ilan AG, ciudad de México a 10 de enero de 2008

martes, 27 de noviembre de 2007

La discriminación sin palabras: el caso de la transfobia y la lesbofobia

Formas harto conocidas de ejercer la discriminación son las explícitas, ya sea por medio de la violencia física o través de los insultos, una forma de violencia verbal. Son las que saltan a primera vista. Sin embargo, la discriminación adopta muchísimas formas, muchas poco evidentes. Hay dos potencialmente peligrosas: la discriminación cuando se niega la existencia de algo o, peor aún por ser furtiva, cuando ni siquiera es nombrado. No pocas veces se presentan ambas a la vez. Un ejemplo del primer caso negar la existencia de transexuales, transgéneros, lesbianas u homosexuales en algunos lugares e instituciones (Irán o la Iglesia católica). Ejemplos cuando se presentan ambos son muchos. Uno que debemos mencionar, por su duración y fijación en la sociedad, es la negación de la sexualidad femenina, que en muchos lugares sigue siendo negada. Las únicas mujeres con sexualidad independiente eran las prostitutas. Otro ejemplo lo constituye la negación de los transexuales y transgéneros. Se les niega la posibilidad de cambiar legalmente su género y de poder desenvolverse con mayor soltura en su vida cotidiana. Finalmente, otra caso de discriminación por negación y silencio, lo constituyen los llamados "crímenes pasionales". Se niega a nombrárseles y reconocérseles como crímenes de odio por transfobia, lesbofobia u homofobia.

Transfobia, lesbofobia y homofobia, ¿muchos términos para una misma cosa? Pareciera por lo menos que la homofobia incluye a la lesbofobia pero ¿es así? Como ya mencioné, durante muchísimo tiempo, incluso hoy en día, la sexualidad femenina ha estado subyugada por la masculina. La sexualidad femenina era tan solo es un apéndice necesario para la realización de la masculina: un instrumento (indeseable) para la sexualidad del marido y la procreación pero que carecía de existencia propia. Bajo esta concepción, ¿qué podían hacer dos mujeres solas y juntas? Para ellos la respuesta era obvia: nada. Lo contrario era absurdo e inverosímil. Así pues, sino hay sexo no hay pecado, ni delito, ni desviación sexual, ni enfermedad psiquiátrica. Es por esto que las lesbianas pasaron mucho tiempo desapercibidas (las amigas "solteronas y quedadas").

Muy por el contrario, la sexualidad masculina era objeto de mucha preocupación por parte de todos: sacerdotes, abogados, médicos, gobiernos, etcétera. Dos hombres solos y juntos son potencialmente peligrosos para la sociedad. Dios (para algunos realizado a través de la sociedad) creó al hombre y a la mujer para complementarse: el hombre en el lugar del macho, dominante, y la mujer sumisa, dominada. Esta dominación culmina, alcanza su plenitud con la cópula: el macho penetrando y realizándose a través de la hembra. Pero, ¿un hombre penetrando a otro hombre? ¿Qué es del segundo hombre? ¿Es hembra, es sumiso, ha negado el papel que dios (o la sociedad) le ha otorgado? ¿Renunciar a ser el macho? Esto se ha interpretado como un acto contra dios, contra el rey, contra la sociedad, contra el sentido común, contra todo lo decente (variando la época). En síntesis era un acto de subversión: subvertía el orden de las cosas (entiéndase el hombre arriba y la mujer abajo). Esta es la forma cómo se ha expresado el miedo al amor entre varones, la homofobia: la amenaza contra el orden establecido.

Así la lesbofobia, el miedo al amor entre mujeres, aparece más tardíamente en nuestra historia. Aunque comparte motivos con la homofobia, la lesbofobia está ligada fuertemente con la misoginia (la cual también juega un papel en el caso de la homofobia, pero mucho menor). Ya que la lesbiandad pone en cuestionamiento incisivamente el papel de la mujer con respecto al hombre y recíprocamente, no es extraño que aumente su visibilidad a la par del surgimiento y fortalecimiento del movimiento feminista. Así con la presencia cada vez mayor tanto del feminismo como de la lesbiandad, arrecian la misoginia y la lesbofobia.

Mientras lesbianas y homosexuales cuestionan el orden dado por dios a las cosas, transexuales y transgéneros cuestionan las cosas mismas creadas por dios. Lesbianas y homosexuales cuestionan un orden que generalmente se acepta como social, mientras transexuales y transgénero cuestionan una categoría hasta hace poco tenida por totalmente biológica: la dualidad de los géneros (y esto explica porqué se hacen visibles tan tardíamente en nuestra historia). La reacción frente a transexuales y transgéneros es la transfobia, el odio contra quien pervierte la naturaleza al poner en duda una de sus categorías más elementales.

La transfobia reúne en sí elementos tanto de la lesbofobia y la homofobia, pero va más allá. El miedo al Otro, al extraño, al que no es como yo cala hasta los huesos en la transfobia. De la transfobia, la lesbofobia y la homofobia, la transfobia es la que se lleva la peor parte de todas.

Quien pretenda combatir (sinceramente) la discriminación por sexualidad y género, eventualmente tendrá que reflexionar al respecto sobre las distintas formas de odio. Uno de los primeros pasos para combatir cualquier tipo de discriminación es la visibilización y en primer lugar nombrarla. Transfobia, lesbofobia y homofobia son formas de odio íntimamente ligadas entre sí, pero que se expresan de formas muy diversas. Pueden presentarse de forma aislada o combinadas. Alguien que combata la homofobia (la lesbofobia o la transfobia) puede ser acérrimamente transfóbico, lesbófico u homofóbico, muchos sin darse cuenta de ello. Por esto no basta con decir que se lucha contra la discriminación por sexualidad y género o con nombrar una de estas tres formas de odio (y pueden existir muchísimas más relacionadas). Es necesario nombrarlas explícitamente: transfobia, lesbofobia y homofobia (el orden responde a quien se lleva la peor parte). Omitir nombrar cualquiera de estas (aun así por economía de términos) constituye un acto de discriminación sin palabras.