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domingo, 14 de septiembre de 2008

Los jóvenes están hartos...

"Los jóvenes están hartos de que se les visualice como animales reproductores."

Paz Fernández Cueto ("Cumbre Iberoamericana", Reforma del 12 de septiembre de 2008).
Esta frase sintetiza de manera muy nítida la forma de pensar de la señora Paz Fernández Cueto.

Dejemos por un momento de lado el sujeto, los jóvenes, y veamos qué dice en el resto de la oración. Consideremos que la señora Fernández Cueto no se refiere a que los laboratorios utilizan a los jóvenes como fuente para conseguir espermatozoides y óvulos sino al sexo entre ellos. Así, establece una equivalencia entre el sexo y la reproducción: el sexo convella a la reproducción y la reproducción no es posible sin el sexo; la postura oficial de la Iglesia Católica.

Quienes visualizan a los seres humanos como animales reproductores no son sino Paz Fdz. Cueto, los grupos conservadores y la Iglesia Católica:
"y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla [...]»"

Génesis 1:18 (traducción de la Nova Vulgata).

Tal identificación deja de lado, de un tajo, las sexualidades no reproductivas, desde las parejas heterosexuales que no desean o no pueden tener hijos hasta las parejas del mismo sexo, que por más que lo deseen (e intenten) difícilmente el sexo entre ellos los llevará a tener hijos, pasando por la masturbación. Así no es extraño que la señora Paz Fdz. Cueto señale que los "problemas" que la masturbación pudiera ocultar como son "sentimientos de soledad, ansiedad o abandono" ("Peor que Hitler", Reforma, 18 de julio de 2008): ¡es obvio!, no basta con uno para tener hijos, y si aún así lo intenta definitivamente hay un problema de soledad.

Peor aún, ¿"los jóvenes" dicen eso?

¡Pobres jóvenes! Sometidos al yugo de algunos gobiernos y de los grupos que disque defienden sus derechos (de decisión sobre su propio cuerpo y, por tanto, del derecho al placer y los derechos reproductivos) y que, al difundir información sobre su sexualidad, sus derechos sexuales y, ¡oh! calamidad de calamidades, condones, los obligan a reproducirse como bestias.

¡Pobres jóvenes! Los grupos conservadores y la Santa Iglesia Católica, muy en particular la señora Paz Fdz. Cueto, tan sólo los defienden de la información, que males de males, cual árbol del conocimento del bien y del mal en el centro del Jardín del Edén:
"Y como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió, y dio también a su marido, que igualmente comió.

Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores."

Génesis 3:6-7 (traducción de la Nova Vulgata)

que los obliga a comportarse como animales.

¿Desde cuándo la información convierte a los seres humanos en animales? ¿Desde cuándo la ignorancia es el estado por excelencia del ser humano?

Mucho nos costó recuperar el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, derecho antaño en manos de divinidades y señores feudales, mucho nos costó sacar de nuestras camas a la Iglesia y al Estado, pervertidos por excelencia. El derecho a utilizar nuestro cuerpo para obtener placer si nos place, ya solos, ya acompañados.

Pero todavía no ganamos el derecho a la información. La temprana edad de inicio sexual, los embarazos adolescentes y las infecciones de transmisión sexual (ITS) no son producto de la información, como parecen creer la señora Paz Fdz. Cueto y la Iglesia Católica. Al contrario, son producto de la desinformación, de los prejuicios y de los falsos miedos infundados por la Iglesia Católica.

viernes, 27 de junio de 2008

Sombras en la XXX Marcha del Orgullo

Por un mundo donde quepan muchos mundos


Este año el movimiento de las disidencias sexuales (opongo a diversidad sexual, que persigue el reconocimiento de ciertos derechos, el concepto de las disidencias sexuales cuando la crítica a la norma heterosexual trasciende el sexo y el género y es también una crítica social en un sentido más amplio) cumple treinta años de haber salido del clóset en México. ¿Qué ha pasado con la llamada Marcha del Orgullo Gay desde ese entonces?

Historia cual suspiro
El movimiento de las disidencias sexuales se gesta a la sombra de los movimientos obrero y feminista de los siglos XIX y principios del XX. No solo se aprendió de dichos movimientos sino que muchos de los protagonistas del movimiento de las disidencias sexuales se iniciaron y forjaron en aquellos.

Los tres movimientos comparten, en menor o mayor medida, objetivos que son comunes, aunque no siempre de forma evidente: el fin de estructuras opresoras.

Precedidos por el Mayo francés del 68 y, para nosotros, la Matanza del 2 de octubre del 68, en 1969 en Stonewall empieza la migración masiva fuera del clóset del movimiento de las disidencia sexuales, en países occidentalizados. En 1971 hace aparición el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) en Francia. En México esperamos hasta el año 1978, cuando hacen aparición contingentes disidentes sexuales en dos marchas particularmente representativas para la izquierda: la del aniversario de la Revolución Cubana el 26 de julio y la conmemorativa de la Matanza del 2 de octubre.

La Marcha en México
Los inicios del movimiento de las disidencias sexuales en México también se encuentran intimamente ligados a los movimientos sociales. Los primeros activistas de las disidencias sexuales en México participan en el movimiento estudiantil del 1968, en las primeras apariciones públicas los años de 1978 y de 1979 se reivindican no sólo exigencias relativas a la sexualidad sino también de otros movimientos sociales y los primeros candidatos homosexuales, una mujer lesbiana y un hombre homosexual, son postulados por el Partido Mexicano de los Trabajadores de Heberto Castillo Martínez.

La aparición de la pandemia del VIH/Sida rompe con los primeros logros y las primeras organizaciones, desmoviliza al movimiento. Harto trabajo nos ha costado, hasta hoy en día, conciliar el activismo y la lucha contra el VIH/Sida en el interior del movimiento de las disidencias sexuales.

La década de los noventas representó un constante crecimiento del movimiento de las diversidades sexuales en todo el mundo, incluyendo México, pero perdiendo gradualmente su carácter disidente. Se han ganado espacios y derechos a pulso. Dichos espacios también dieron lugar al nacimiento del llamado mercado rosa o mercado gay, rápidamente colonizado por empresarios, homosexuales o no homosexuales (al dinero poco le suele importar la orientación/preferencia sexual). A la par, la crítica y las demandas sociales fueron perdiendo visibilidad frente a los derechos, en particular los que ofrecen mayores dividendos (salud, vivienda, seguridad frente al matrimonio gay). Es una constante no solo en México sino en la mayoría de los países occidentalizados.

La Marcha en los últimos años
Las peculiaridades de México se reproducen en su movimiento de las disidencias sexuales: el patrimonialismo principalmente ("este microbús y todo lo que lleva dentro es mío y por eso yo conduzco como se me da la gana"), el cual determina en gran medida la desorganización y la falta de capacidad para ponernos de acuerdo pues ciertas organizaciones y personas (la mayoría) sólo buscan llevar agua a su molino.

La organización de la Marcha, que durante años fue compartida en mayor o menor medida por los colectivos que quisiesen participar, adolecía de esta falta de organización. Con el paso de los años la Marcha se constituyó como parte del mercado rosa.

Esto motivó que un grupo de activistas y empresarios, con el argumento de que era momento de que México profesionalizara su Marcha, de forma unilateral se impusieran frente al resto de los colectivos y se auto-adjudicaran la organización de la Marcha. Dicho grupo se constituyo en lo que conocemos como Comité del Orgullo México, A.C. (Comac). Frente a la desorganización reinante del resto de los colectivos, con una estructura bien definida y apoyo económico, no fue difícil imponerse.

La Marcha es un movimiento social antes que un mercado. La Marcha está constituida antes por aquellas y aquellos que en ella participan que por los empresarios que la usan como escaparate (pues de otra forma no tendrían público). La pregunta es ¿qué esperamos aquellas y aquellos involucrados de nuestra Marcha?

El problema del Comac
Como ya mencioné, la irrupción del Comac fue una imposición. Su argumento de profesionalizar la Marcha bien puede aplicarse a la política en México. México requiere profesionalizar su política, no puede dejarla a los desorganizados y conflictivos partidos políticos, ¿por qué no un golpe de Estado y un régimen de partido único otra vez?

El Comac no responde a los intereses de aquellas y aquellos involucrados en las diversidades y disidencias sexuales. Resulta particularmente curioso que incluso algunos de sus miembros no tienen acceso a sus estatutos, a los resolutivos de sus reuniones ni a sus estados financierosEl Comac es como una caja negra a la que pocos tienen acceso. Así ¿qué intereses tiene en la Marcha?

Más aún, en términos operativos el Comac está sujeto al flujo de dinero, el cual es celosamente administrado por uno de los más representativos empresarios gays.

La XXX Marcha
Este trigésimo aniversario de la Marcha el COMAC afirma que la Marcha debe regresar a los colectivos y debe recuperar sus demandas sociales. ¿Cuáles demandas sociales? Sólo se exigen los derechos de la diversidad sexual haciendo a un lado la historia del movimiento y, más aún, ¿de qué sirve pelear sólo por derechos?

¿De qué sirve pelear sólo por acceso a los servicios de prevención y tratamiento del VIH/Sida y a operaciones de cambio de sexo si el derecho a los servicios de salud, una garantía constitucional y un derecho humano, éstá siendo sistemáticamente privatizado?

¿De qué sirve pelear sólo por el matrimonio entre personas del mismo sexo si en México no existe la igualdad jurídica ni el Estado de Derecho?

¿De qué sirve pelear sólo por el derecho a la no discriminación, un derecho humano, si el Estado viola y violenta sistemáticamente todos los Derechos Humanos?

El próximo sábado 28 de junio un grupo de colectivos universitarios (de universidades públicas como lo son la UNAM, el IPN y la UPN) agrupados en el CUDS (Colectivos Universitarios por las Diversidades Sexuales) marcharemos reivindicando el carácter político, crítico y disidente de la Marcha del Orgullo, reivindicando las demandas sociales en las que el movimiento se gestó, exigiendo el respeto de los Derechos Humanos, el fin del estado policial y represivo, el fin del desmantelamiento del sistema de salud pública y de la educación pública.

martes, 27 de noviembre de 2007

La discriminación sin palabras: el caso de la transfobia y la lesbofobia

Formas harto conocidas de ejercer la discriminación son las explícitas, ya sea por medio de la violencia física o través de los insultos, una forma de violencia verbal. Son las que saltan a primera vista. Sin embargo, la discriminación adopta muchísimas formas, muchas poco evidentes. Hay dos potencialmente peligrosas: la discriminación cuando se niega la existencia de algo o, peor aún por ser furtiva, cuando ni siquiera es nombrado. No pocas veces se presentan ambas a la vez. Un ejemplo del primer caso negar la existencia de transexuales, transgéneros, lesbianas u homosexuales en algunos lugares e instituciones (Irán o la Iglesia católica). Ejemplos cuando se presentan ambos son muchos. Uno que debemos mencionar, por su duración y fijación en la sociedad, es la negación de la sexualidad femenina, que en muchos lugares sigue siendo negada. Las únicas mujeres con sexualidad independiente eran las prostitutas. Otro ejemplo lo constituye la negación de los transexuales y transgéneros. Se les niega la posibilidad de cambiar legalmente su género y de poder desenvolverse con mayor soltura en su vida cotidiana. Finalmente, otra caso de discriminación por negación y silencio, lo constituyen los llamados "crímenes pasionales". Se niega a nombrárseles y reconocérseles como crímenes de odio por transfobia, lesbofobia u homofobia.

Transfobia, lesbofobia y homofobia, ¿muchos términos para una misma cosa? Pareciera por lo menos que la homofobia incluye a la lesbofobia pero ¿es así? Como ya mencioné, durante muchísimo tiempo, incluso hoy en día, la sexualidad femenina ha estado subyugada por la masculina. La sexualidad femenina era tan solo es un apéndice necesario para la realización de la masculina: un instrumento (indeseable) para la sexualidad del marido y la procreación pero que carecía de existencia propia. Bajo esta concepción, ¿qué podían hacer dos mujeres solas y juntas? Para ellos la respuesta era obvia: nada. Lo contrario era absurdo e inverosímil. Así pues, sino hay sexo no hay pecado, ni delito, ni desviación sexual, ni enfermedad psiquiátrica. Es por esto que las lesbianas pasaron mucho tiempo desapercibidas (las amigas "solteronas y quedadas").

Muy por el contrario, la sexualidad masculina era objeto de mucha preocupación por parte de todos: sacerdotes, abogados, médicos, gobiernos, etcétera. Dos hombres solos y juntos son potencialmente peligrosos para la sociedad. Dios (para algunos realizado a través de la sociedad) creó al hombre y a la mujer para complementarse: el hombre en el lugar del macho, dominante, y la mujer sumisa, dominada. Esta dominación culmina, alcanza su plenitud con la cópula: el macho penetrando y realizándose a través de la hembra. Pero, ¿un hombre penetrando a otro hombre? ¿Qué es del segundo hombre? ¿Es hembra, es sumiso, ha negado el papel que dios (o la sociedad) le ha otorgado? ¿Renunciar a ser el macho? Esto se ha interpretado como un acto contra dios, contra el rey, contra la sociedad, contra el sentido común, contra todo lo decente (variando la época). En síntesis era un acto de subversión: subvertía el orden de las cosas (entiéndase el hombre arriba y la mujer abajo). Esta es la forma cómo se ha expresado el miedo al amor entre varones, la homofobia: la amenaza contra el orden establecido.

Así la lesbofobia, el miedo al amor entre mujeres, aparece más tardíamente en nuestra historia. Aunque comparte motivos con la homofobia, la lesbofobia está ligada fuertemente con la misoginia (la cual también juega un papel en el caso de la homofobia, pero mucho menor). Ya que la lesbiandad pone en cuestionamiento incisivamente el papel de la mujer con respecto al hombre y recíprocamente, no es extraño que aumente su visibilidad a la par del surgimiento y fortalecimiento del movimiento feminista. Así con la presencia cada vez mayor tanto del feminismo como de la lesbiandad, arrecian la misoginia y la lesbofobia.

Mientras lesbianas y homosexuales cuestionan el orden dado por dios a las cosas, transexuales y transgéneros cuestionan las cosas mismas creadas por dios. Lesbianas y homosexuales cuestionan un orden que generalmente se acepta como social, mientras transexuales y transgénero cuestionan una categoría hasta hace poco tenida por totalmente biológica: la dualidad de los géneros (y esto explica porqué se hacen visibles tan tardíamente en nuestra historia). La reacción frente a transexuales y transgéneros es la transfobia, el odio contra quien pervierte la naturaleza al poner en duda una de sus categorías más elementales.

La transfobia reúne en sí elementos tanto de la lesbofobia y la homofobia, pero va más allá. El miedo al Otro, al extraño, al que no es como yo cala hasta los huesos en la transfobia. De la transfobia, la lesbofobia y la homofobia, la transfobia es la que se lleva la peor parte de todas.

Quien pretenda combatir (sinceramente) la discriminación por sexualidad y género, eventualmente tendrá que reflexionar al respecto sobre las distintas formas de odio. Uno de los primeros pasos para combatir cualquier tipo de discriminación es la visibilización y en primer lugar nombrarla. Transfobia, lesbofobia y homofobia son formas de odio íntimamente ligadas entre sí, pero que se expresan de formas muy diversas. Pueden presentarse de forma aislada o combinadas. Alguien que combata la homofobia (la lesbofobia o la transfobia) puede ser acérrimamente transfóbico, lesbófico u homofóbico, muchos sin darse cuenta de ello. Por esto no basta con decir que se lucha contra la discriminación por sexualidad y género o con nombrar una de estas tres formas de odio (y pueden existir muchísimas más relacionadas). Es necesario nombrarlas explícitamente: transfobia, lesbofobia y homofobia (el orden responde a quien se lleva la peor parte). Omitir nombrar cualquiera de estas (aun así por economía de términos) constituye un acto de discriminación sin palabras.